Tratamientos naturales

Cuando la eficacia o la tolerancia a los fármacos inhibidores de la fosfodiesterasa-5 son malas se debe acudir a fármacos o tratamientos de segunda línea.

  • Prostaglandinas (alprostadilo). Se trata de un tipo de fármaco que también presenta un efecto vasodilatador cuando actúa en los vasos sanguíneos de los cuerpos cavernosos del pene. De este modo se logra que se llenen de sangre y se consigue la erección. Se han comercializado varias formas de administración de este fármaco:
    • Intracavernoso (Caverject®): este medicamento se administra mediante la autoinyección en los cuerpos cavernosos del pene, por lo que su utilización requiere un entrenamiento previo del paciente. El tiempo en que el efecto aparece es de entre 5 y 15 minutos, presentando tasas de eficacia superiores al 70%. Los efectos secundarios ligados a dicho fármaco son el dolor o hematoma en la zona de la punción y la erección prolongada (5%). En un 1% de los casos se puede presentar priapismo (erección irreversible), lo cual requerirá la intervención por parte de un urólogo en urgencias. Al administrarse mediante punción, está contraindicado en los pacientes con alteraciones de la coagulación (congénitas o producidas por anticoagulantes). El abandono del fármaco es frecuente y se debe a los efectos secundarios descritos, las dificultades para el manejo del fármaco o a la falta de integración en la vida sexual del paciente (para evitar esto puede ser útil la entrevista médica con la pareja del paciente).
    • Intrauretral (MUSE®): también se trata de alprostadilo pero en entre caso lo presenta en una dosis muy superior (1000 μg, en comparación con los 5-40 μg del Caverject). Esto se debe a que su absorción es más errática al no aplicarse directamente en los cuerpos cavernosos sino que se aplica con una cánula en la uretra. No obstante la probabilidad de erección suficiente para la penetración oscila entre el 30 y el 66 %. La aplicación junto con un anillo constrictor puede aumentar su efectividad. Los efectos secundarios más habituales son el dolor a nivel uretral (hasta un 40% de los pacientes) y también se pueden presentar sangrados uretrales o infecciones de orina (muy raramente).
    • Tópico (Vitaros®/Virirec®): esta forma se presenta como una crema que se aplica en el meato de la uretra. Además del alprostadilo (200-300μg) incluye un agente que aumenta la permeabilidad de la uretra para facilitar su absorción. Los datos clínicos de este fármaco son limitados. Los efectos secundarios más comunes son dolor, enrojecimiento del pene o quemazón.
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Sistemas de vacío

Estos dispositivos producen un aumento de volumen del pene mediante la congestión pasiva de los cuerpos cavernosos. Se coloca el pene en un sistema de vacío (cilindro o tubo) que ejerce presión negativa y favorece la irrigación sanguínea, llenando los cuerpos cavernosos. Su aplicación suele combinarse con un anillo constrictor en la base del pene para retener la sangre. Las tasas de erección válida para la penetración pueden ascender a 90%, no obstante el paciente tiene que saber utilizar el aparato y aceptarlo. Esto último es el problema más común: se deja de utilizar en unos tres meses por mala aceptación de su utilización y la dificultad de integrarlo en la relación sexual. Los efectos secundarios más comunes son el dolor, la aparición de microhematomas (petequias) en la piel del pene, la incapacidad para eyacular o la disminución de la sensibilidad. Como en la aplicación del alprostadilo, los pacientes con alteraciones en la coagulación no pueden utilizar estos sistemas de vacío.

Ondas de choque de baja intensidad

Su aplicación no es exclusiva de la urología: se han empleado en cardiología o traumatología por sus efectos angiogénicos, es decir, favorecen la formación de vasos sanguíneos y mejoran la calidad del endotelio vascular. Para que esta terapia tenga efecto se deben realizar varias sesiones. Las principales guías clínicas no dan recomendaciones sólidas sobre su utilización y eficacia, pero aparentemente tiene un papel en las disfunciones eréctil de causa vascular (no tanto así en las posquirúrgicas, endocrinas o neurológicas).

La prótesis de pene

Se trata de la última línea de tratamiento, no por ser la menos efectiva (todo lo contrario) sino por ser la más invasiva. Su implantación se suele reservar para aquellos pacientes en los que han fracasado los tratamientos orales y las prostaglandinas y se realiza mediante una intervención quirúrgica. La cirugía consiste en colocar unos cilindros a nivel de los cuerpos cavernosos, sustituyéndolos en la función eréctil. La estancia hospitalaria tras la intervención suele ser de unas 24 horas. Se trata de un tratamiento eficaz y con resultados muy buenos a corto y largo plazo. Con la prótesis, que puede ser maleable o inflables se logrará una erección mecánica.

A continuación se detallan ambos tipos de prótesis:

  • Maleables o semirrígidas: se componen por dos cilindros introducidos en los cuerpos cavernosos, con los que el pene siempre presenta una rigidez y tamaño máximos. No obstante, la ser maleable se puede doblegar hacia un lado siempre que no se requiera para una relación sexual. En el momento en que se quiera penetrar se puede enderezar el pene con las manos y proceder al coito.
  • Inflables: estas prótesis presentan un mecanismo valvular que se conecta a los dos cilindros de los cuerpos cavernosos. Además presentan un reservorio de suero fisiológico: cuando se quiere tener una erección se acciona el mecanismo y el suero del reservorio hincha los cilindros. Esta maniobra es reversible, con lo que el pene tendrá dos estados: flácido y rígido.

Las complicaciones que se puede presentar con este tipo de tratamiento suelen comprometer su mantenimiento. Una de ellas es la infección (en menos del 2% de las prótesis) y se previne mediante la impregnación de las prótesis con antibióticos además de la administración preventiva de los mismos al paciente. Cuando ocurre una infección de una o todas las partes de la prótesis, hay que retirarla por completo. Otra complicación que puede aparecer es el fallo mecánico de la prótesis (5% pacientes en los primeros 5 años), con lo que también habrá que recambiarla. La vida media de estos dispositivos es muy larga, llegando a los 10 años en el 70% de los pacientes tratados.

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