Enfermedades de Transmisión Sexual

Las enfermedades venéreas o de trasmisión sexual son las que se contraen mediante el contacto sexual (no necesariamente la penetración, los preliminares también pueden ser un factor de riesgo, especialmente porque no suelen hacerse con protección).

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Uretritis

Se trata de una infección de la uretra y es la ETS más común. Los causantes de ella son el gonococo (que produce la gonorrea) y la chlamydia. Los síntomas habituales son la presentación de quemazón o escozor en la punta del pene y al orinar (disuria), acompañado o no se secreción de pus por el meato uretral. Otros signos que pueden acompañar el cuadro son la presencia de sangre en orina (especialmente si la infección de la uretra ocasiona una infección de orina), inflamación testicular (si se extiende a los mismos, produciendo una orquitis), inflamación prostática (prostatitis). La uretritis no suele acompañarse de fiebre ni de síntomas sistémicos. Para su diagnóstico se deberá realizar una historia clínica, una exploración física/genital y un frotis de la secreción uretral para identificar el agente microbiano causante. No obstante, en muchas ocasiones se prefiere tratar la uretritis atacando a ambos gérmenes a la vez: azitromicina 1.5 mg en una dosis única oral + ceftriaxona 1g intramusuclar. Existen otras pautas con otros antibióticos como la doxicilina o el ofloxacino.

Úlceras

Se trata de heridas con pérdida de la continuidad de la piel tras las cuales puede haber varios agentes causantes. Los síntomas acompañantes, la localización, la aparición de ganglios inflamados y el número de úlceras ayudarán a orientar el cuadro. A continuación las resumimos de forma esquemática, aunque su presentación puede variar de la descrita aquí:

  • La sífilis es una de las enfermedades que produce úlceras en su primera fase y, aunque parece una enfermedad del siglo XIX, hoy en día presenta una incidencia sorprendentemente alta. Está producida por una bacteria llamad Treponema pallidum y suele presentarse como una úlcera (cuerpo del pene o glande) no dolorosa que puede acompañarse de la inflamación de ganglios inguinales no dolorosos. La úlcera genital es la primera fase de la sífilis y puede curar sola, pero si no se trata aparecerán la sífilis secundaria (afectación típica de manos y pies) y terciaria (afectación de corazón, sistema nerviosos). Su tratamiento es la penicilina (existen varias pautas).
  • La infección por el virus del herpes simple (tipo I o II) se presenta a nivel genital con múltiples úlceras, pequeñas y dolorosas. En este caso los ganglios si van a ser dolorosos. El curso clínico del herpes es crónico y recurrente, presentando brotes a lo largo de la vida con más o menos periodicidad. La duración de los brotes es impredecible, aunque con el tratamiento con Aciclovir u otros antivirales puede disminuir su duración y sintomatología. No obstante, no se logra evitar su reaparición.
  • Otras infecciones que causan úlceras son el linfogranuloma venéreo (Chlamydia tracomatis) que se acompaña de infalamaciones más importantes de los ganglios linfáticos, o la donovanosis (Klebsiella gramulomatis) que produce úlceras indoloras de bordes bien definidos no acompañadas de ganglios. Estos dos grupos son menos frecuentes en nuestro medio, siendo más habituales en regiones tropicales y ecuatoriales.

Zonas enrojecidas

La balanitis o inflamación del glande cursa con un enrojecimiento del mismo, que puede ser continuo o parcheado. La higiene insuficiente puede facilitar la aparición de este cuadro, que se puede tratar con lavados de agua de Goulard. El hongo Candida también puede ser el responsable de las balanitis, aunque en su casos las manchas rojas son pequeñas y múltiples, pudiendo asociar edema del prepucio. El tratamiento de las balanitis candidiásicas se realiza con agente antimicóticos como el cotrimazol, que se aplica en crema sobre el glande durante 15 días. La sarna puede producir también manchas rojas en el pene, el pubis y la zona inguinal, asociando picor intenso que afecta predominantemente por la noche. La produce un ácaro y su aparición no está relacionada con la falta de higiene o la pobreza. Para tratarla habrá que aplicar soluciones de permetrina u otros compuestos activos en la piel y en la ropa (ropa de vestir, de cama, de baño, etc.).

Enfermedades sistémicas

En este grupo se incluyen enfermedades cuya transmisión es sexual pero su afectación es a nivel de cuerpo entero, como el VIH o la hepatitis (tipos B y C). No obstante, no suelen presentar por si mismas manifestaciones a nivel genital. El VIH es el causante del síndrome de inmunodeficiencia adquirida (SIDA), al que se llega cuando el virus acaba con las defensas del cuerpo (se mantiene vivo destruyendo las células de la inflamación). El peligro de esto es que se pueden contraer enfermedades infecciosas o cánceres más fácilmente por una merma en la inmunidad. Por ello, hay que intentar mantenerlo a raya con antirretrovirales (fármacos que evitan su replicación, hay varios tipos con distintos mecanismos). Hoy en día no existe cura definitiva pero sí tratamientos crónicos que evitan que las defensas se resientan. La hepatitis es una infección que afecta al hígado, de forma aguda o de forma crónica. La primera cursa como una viriasis cualquiera: dolor en articulaciones, fatiga, fiebre, etc. Puede incluso producir fallo hepático fulminante, con requerimiento de trasplante hepático emergente. La fase crónica puede aparecer o no y puede llevar al hígado a un estado de cirrosis. También puede añadirse cáncer hepático sobre un hígado infectado por virus de la hepatitis.

A grandes rasgos, podéis ver que estas enfermedades son más serias y, por tanto, hay que ser precavidos. El uso del preservativo va a ser crucial para ello, además de una actividad sexual responsable (a mayor número de contactos, mayor riesgo) La gran mayoría de ETS se pueden transmitir sin que en ese momento haya síntomas o evidencia de lesiones. Además, una ETS facilita que se puedan contraer otras nuevas. Por tanto, hay que estar atentos ante los posibles síntomas y consultar al médico ante cualquier duda. Pero ante todo, hay que ser conscientes de su existencia y ser proactivos para evitarlas.

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